jueves, 17 de noviembre de 2016

"TODO LO QUE HAY". JAMES SALTER

     James Salter es un novelista con un prestigio importante en las letras inglesas. Su última novela nos cuenta la historia de Philip Bowman desde su paso por la marina en la II Guerra Mundial hasta su cercanía con la vejez mientras vemos su existencia como editor. Un recorrido vital en el que se observan multitud de detalles sin que ocurra nada extraordinario. La novela es un ejercicio perfecto del arte de narrar. Uno entra en la vida de este típico americano de clase media alta, en cierto modo hecho a sí mismo, con la sensación de acompañarlo de la mano. La empatía con el protagonista se produce de modo natural, no hay artificios en la manera de narrar de Salter. La novela fluye sin alharacas ni complejos artificios de estilo.

    Destacan ciertos asuntos en la novela, el primero de ellos es la trascendencia temática del devenir amoroso del protagonista. De algún modo asistimos a un especie de trayecto vital en el que hay una parada amorosa que deja huella y poso en el protagonista pero sin que ninguna de esas paradas sea la definitiva. Hay una contínua búsqueda del amor, pero, he aquí lo importante a mi modo de ver, no como encuentro real y de plenitud amorosa sino más bien de un modo egoísta y dionisíaco. La concepción que del amor nos muestra Bowman es antirromántica y dominada por un cierto ego, como la sensación de éxito auto aclamatorio al mantener relaciones con mujeres bellas y bastante más jóvenes que él.  Expresiones como "se sintió como un dios" lo atestiguan. Pese a conseguir picos de intensidad amorosa importantes, Bowman ofrece una perspectiva realista de las relaciones amorosas y estas acaban por diferentes causas a cada cual más terrenal: las diferencias en la evolución personal, la distancia física, la infidelidad, la rutina. Ponemos una cita de Philip hablando de sí mismo con la perspectiva del tiempo de su matrimonio fracasado:
" Me dejó hechizado, me cegó. Yo no sabía nada. Y ella, claro está, tampoco. Fue hace mucho tiempo. Luego nos divorciamos. Simplemente éramos muy distintos. Ella tuvo el valor de decírmelo. Me envió una carta".

     Otra de los argumentos que aparecen como leit motiv constante en el libro es un cierto cosmopolitismo viajero. Bowman como editor de cierto nivel viaja constantemente Inglaterra, España, Francia, referencias a Grecia, a Alemania. Estas escapadas tanto por Europa como por Estados Unidos dan cierta variedad a la unidad elemental de la novela.

     Bowman solo tiene madre. Su padre se fue en su infancia y no volvió a verlo. La familia es en exclusiva la madre, Alice. La soledad que en ocasiones transmite el protagonista pese a las numerosísimas actividades sociales en las que vemos al mismo en parte es debido a esta ausencia famliar.

    Por último, otra materia destacable dentro de la estructura del texto es una técnica curiosa de salto argumental a las vidas de los personajes con los que se va topando Bowman. De un modo sucinto nos hace un comentario sobre la vida y futuro de personajes que luego no salen en la obra en más ocasiones. El narrador nos ofrece retazos de las experiencias de estos personajes de situación. Ello nos humaniza a los mismos y, sobre todo, consigue mantener el interés por la historia. Viene a ser de algún modo aquello que hizo Cervantes en su primera parte del Quijote de intercalar historias en la historia principal. De entre todas ellas, porque tiene una importancia como personaje secundario y por su emotiva  acción, destaca la historia de Neil Eddins.

    Un libro en el que cuenta más el detalle, la particular y fina forma de contar los acontecimientos, la vida misma sin excesos, con sus pequeñas maldades, con sus fracasos y decepciones, con sus gozos y, por supuesto, sus sombras, sin ser estas contadas con altisonancia. Y con un final levemente sentimental que nos remonta a una imagen, que me recuerda a una de mi admirado Chirbes, y que no desvelo, que de un modo directo nos traslada al paso del tiempo. Ese valioso tiempo que Salter a sus 89 años quiso regalarnos con su novela.

   Desgraciadamente, dejaré durante un tiempo el blog. por motivos personales debo llenar de nuevo el zurrón de lecturas clásicas medievales y del Siglo de Oro español de las que hay una inmensa bibliografía y mi aportación lectora considero que sería un tanto ridícula. Espero que hasta pronto. Un saludo atento del Criticón Lector.

viernes, 7 de octubre de 2016

"CASTELLIO CONTRA CALVINO. CONCIENCIA CONTRA VIOLENCIA". STEFAN ZWEIG

     Este ensayo de Zweig es una oda sublime a la tolerancia y la libertad de conciencia. El enfrentamiento de dos personalidades como las de Calvino, el baluarte protestante ginebrino, y Castellio, el profesor universitario, viene a representar la lucha constante e histórica entre la tiranía y la resistencia, o, lo que es lo mismo, la conciencia frente a la violencia de Estado, tal y como reza el subtítulo del texto.

     El libro se inicia con unos datos históricos sobre la forma en que Calvino se hizo con el poder, aprovechándose de las debilidades políticas de la ciudad estado de Ginebra, y así convertirse en el adalid de las prohibiciones, en el cercenador de alegría y la sensualidad sobre la base de unos principios religiosos y dogmáticos de una rigidez antihumana. Pero, ¿cómo pudo hacerlo? ¿cómo pudo hasta tal punto menoscabar las libertades del individuo? La respuesta que nos da Zweig es reveladora para todo tipo de dictadura de la fuerza. Pudo hacerlo por el silencio, la cobardía y el miedo a las represalias. 

     Pero ya en el poder surge un antagonista a la figura hegemónica y poderosa de Calvino, es Castellio, un hombre libre, un pensador que observa, en permanente desdicha, las ramificaciones tiránicas de la Reforma. "En medio del general servilismo adulador - dirá Zweig - ha reconocido al eterno adversario de cualquier dictadura, al hombre independiente". Esos  primeros conatos de contradicción entre ambos acabará con Castellio fuera de Ginebra. 

    Pero es entonces cuando entra en escena la figura quijotesca de Servet. Con su quema en la hoguera, víctima de la intolerancia y del fanatismo de Calvino, la figura de Castellio se engrandece a la de un referente moral eterno. Castellio se convierte en vicario de la idea de la libertad de conciencia y de la tolerancia. Este humilde profesor que vive casi en la indigencia se agiganta  con sus escritos y su resistencia a la idea del exterminio del que piensa diferente. Esto hoy día en la sociedad occidental parece poco valeroso, pero en una época en la que el fanatismo era imperante es un acto de valentía extraordinario. Así, escribirá su Manifiesto en defensa de la tolerancia, en el que llega a afirmar cosas tan interesantes como esta: " Buscar y decir la verdad, tal y como se piensa, no puede ser nunca un delito. A nadie se le puede obligar a creer. La conciencia es libre". O, mejor aún, estas insuperables palabras: " Matar a un hombre no es defender una doctrina, sino matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet no defendieron una doctrina, sacrificaron a un hombre. Y no se hace profesión de la propia fe quemando a otros hombres, sino únicamente dejándose quemar uno mismo por esa misma fe".  Y es que para Castellio las verdades religiosas se pueden difundir, pero nunca imponer. Zweig, con rendida admiración, nos traslada al pensamiento ético de este poco conocido humanista.

     Pese a todo, la historia es terca, y se produce el triunfo de la fuerza. Castellio es acribillado, considerado hijo de Satanás, por buenista, por hereje. Mediante acusaciones falsas quiere ser llevado a juicio. Por su tolerancia en tiempos de intolerancia. Por ser peligroso para el orden establecido. Por levantarse, protestar, y mantenerse erguido. Justo antes de ser llevado a juicio fallece y eso le salva del oprobio. Calvino consiguió que su obra no fuera publicada. Y no fue hasta mucho más tarde cuando este ciudadano ilustre tuvo su reconocimiento.

      Al final del libro, Zweig repasa la evolución de las manifestaciones religiosas relacionadas con el Calvinismo en Holanda, en Escocia, en Estados Unidos. Y, con perspicacia, nos enseña como el tiempo hace que los extremos se toquen. Con cierto optimismo que confía en el progreso moral humano, observa como Calvino y Castellio se acercan y la profesión calvinista se suaviza, pretiriendo y sorteando el fanatismo de los primeros tiempos.
 
      Esta obra fue escrita en 1936, no parece difícil pensar que el autor austriaco, sensible y honesto, escribiera la obra tras la observación del auge de sistemas políticos que constreñían la libertad y buscaban la homogeneidad de pensamiento mediante la violencia. El nazismo empezaba a adueñarse de todo. Tiempos difíciles se presagiaban para los librepensadores, para los hombres buenos. Ante el horror, un hombre valiente porque "siempre habrá algún Castellio que se alce contra cualquier Calvino, defendiendo la independencia soberana de la opinión frente a toda violencia ejercida desde el poder". 

     Un saludo atento, del Criticón Lector.

domingo, 11 de septiembre de 2016

"HISTORIA DE UN CANALLA". JULIA NAVARRO

     En términos generales, las críticas que suelo hacer en el blog tienen una intención explicativa y en las valoraciones procuro ser más elogioso que censor o negativo. La intención primaria o subyacente del blog es, junto con la esperanza de compartir lecturas con lectores lejanos y desconocidos,  el aliento a la lectura. Con este libro haré una excepción y la verdad, lo siento. Parto de la base de que puede ser una lectura de cierto entretenimiento, sobre todo para lectores poco avezados, con unas formas y un modelo tipo best seller que domina desde la concepción del libro hasta  la promoción del mismo. Pero hay libros de masas bien hechos y libros de masas mal hechos. Este es de los segundos.

      El libro, como bien se cuida de indicar el título, cuenta la historia de un canalla. Un personaje plano hasta puntos imposibles de imaginar en el que la maldad es el único atributo con el que se puede definir al mismo. Cómo un hombre tan malo triunfa es tan ridículo que haría reír al más crédlo de los lectores. Con apuestas personales absurdas en negociaciones importantes, con desafíos y bravatas que no se creería ni el más iluso de los lectores. En sus relaciones personales es igual, todas las personas que rodean a Thomas Spencer, que así se llama el regalito de individuo, están a su lado por coacción o por interés. En definitiva, la historia es poquísimo convincente, nada creíble, y eso en un libro suele ser mortal de necesidad.

     Tampoco son creíbles los diálogos, malos, reiterativos hasta la saciedad, explicativos y, a menudo absurdos. Ese Paul Hard y esa Olivia explicándole a Thomas cómo es y qué le mueve a actuar como actúa es digno de estudio. Esa mujer con la que se casa uno nunca llega a saber por qué. Porque hay que tener alma de monja de la caridad para casarse con este tipo y sacrificando su propia vida para al final dar a entender... En fin, no cuento el final por si alguien se atreve con el libro después de lo que escribo.

     Luego,  hay un detalle narrativo que es hiriente para un lector medio que quiere disfrutar de una lectura que de antemano sabe ligera. Y, por dios, que no soy un esteta que odia estas lecturas para quemarlas en la hoguera o un esnob prepotente que todo lo que no sea Proust o Joyce no es digno de lectura. Me gustan tanto las lecturas ligeras como libros clásicos con todo el peso de la tradición en sus páginas o los libros que indagan en formas más experimentales o temas más profundos. Pero lo que hace Julia Navarro con las partes en cursiva del libro (aquello que Thomas Spencer debería haber hecho en vez de portarse mal como su propia naturaleza le obliga) es doloroso para un alma cándida como la mía que entra en los libros con espíritu filantrópico y cierta bonhomía intelectiva. Esos pasajes son tan ridículos que parecen hechos por un niño de diez años. Les insto a leer el primero de ellos solamente. Estoy seguro que coincidirán conmigo.

     En definitiva, aunque parezca lo contrario, quiero decir que no tengo nada contra Julia Navarro, "La Hermandad de la Sábana Santa", leída hace mucho, me pareció un libro decente, pero esto que me he encontrado este verano no tiene nada que ver. En la promoción del libro se nos comunica que es un audaz cambio de registro en el que Julia navarro disecciona la ambición, la codicia y el egoísmo del ser humano. Bueno, audaz ha sido, pero no siempre la audacia obtiene buenos resultados. Lo de diseccionar es un modo de decir que en la novela solo se ver a un personaje egoísta y malvado. Que esté bien construido es ya otro cantar. Un saludo atento del Criticón Lector.

sábado, 9 de julio de 2016

"PARÍS AUSTERLITZ". RAFAEL CHIRBES

      El fallecimiento de Rafael Chirbes nos dejó sin uno de los más ácidos cronistas de la literatura en español. Un hombre que diseccionó y desentrañó los entresijos de la España que derivó en la crisis del inmueble y luego sus efectos demoledores en la sociedad y en las personas. Su escritura profunda, demoledora y caústica se ha convertido en el paradigma de lo que ha sido la crítica social de finales del siglo XX y principios del XXI, sobre todo con sus dos obras maestras, clásicos contemporáneos sin lugar a dudas, "Crematorio" y "En la orilla". Comentamos hoy su última novela, publicada póstumamente y que más le costó escribir por su componente personal y autobiográfico .

     "París Austerlitz" es una novela de cualidades completamente diferentes a sus dos obras maestras mencionadas anteriormente. Es una novela de carácter intimista, de sentimientos profundos en los que se analizan las frágiles paredes del amor, su sustancia y la degradación de la misma por el paso del tiempo. Es la memoria de un amor que ha dejado marca, pero que el protagonista, que cuenta en primera persona la historia, se empeña en hacer comprender al lector - a sí mismo, por tanto - que le ha abandonado. Porque los amores abandonan, sutilmente, como nos explica de modo progresivo y justificador el narrador. Ahí están los amigos de Michel, constantes y acusadores, para reprochárselo. La novela es una explicación y una justificación. Pero cómo explicar el dolor del que se siente abandonado, cuando además es un hombre desahuciado. Es aquí dónde se produce la quemazón como lector. Asistimos, comprensivos y llevados de la mano, al proceso de desamor, lo entendemos. Pero los restos del desastre, de esa demolición brutal, dejan siempre una víctima, que en este caso, con escena final de una intensidad dramática dolorosísima, laceran la comprensión tuitiva de ese lector confidente y cómplice del narrador.

     La novela se repite en patrones de justificación. Estoy convencido de que el autor tiene remordimientos y este escrito es un acto de catarsis interior. No en vano, según se publica en la promoción del libro, al autor le ha costado escribir esta novela más de veinte años. Y no es un libro estructuralmente complejo, como otros suyos, ni extenso. La dificultad radica, por tanto, en el elemento personal. En el pudor de sacar al balcón los restos de un amor naufragado.

    La historia de amor está muy bien tratada, un amor entre un joven pintor español y un obrero grandote, bueno y sonrosado normando. Desde el primer momento, la diferencia de edad es uno de los puntos sobre los que se pone el acento en la obra. Podría pensarse que el hecho de la homosexualidad será tratado con una cierta intensidad, No es así. Es una historia de amor que no muestra, salvo al final y por temas familiares, la homosexualidad como asunto relevante. En realidad, como tema presente, fundamental y devastador, sí hay una cuestión que afectó al colectivo gay en los años 80 de manera brutal y que el autor insiste en llamarle la plaga. Sus consecuencias destructivas la vemos paulatinamente en el libro. Pero en la historia de amor, como en cualquier otra, las cosas que importan son las diferencias de los protagonistas, sus modos de ver la vida, sus aspiraciones en cuanto a dónde se dirige la relación, la diferente educación y condición social, el rechazo que te empieza a provocar lo que antes te gustaba, la asfixia que provocan el control y los celos, la necesidad de volar frente al lógico conservadurismo del mayor de la pareja. En definitiva, una historia de amor trágica y profunda, intensa y vivida, narrada en una prosa lúcida y comprometida con ese fondo oscuro que es la pérdida. El dolor de lo pasado, la conciencia desasosegada de los muertos que uno deja en el camino. Un Chirbes menos poderoso, pero más intenso.

     Un saludo de El Criticón Lector.

miércoles, 15 de junio de 2016

"LA TIERRA QUE PISAMOS". JESÚS CARRASCO

     Jesús Carrasco tuvo una entrada triunfal en el mundo literario con su magnífica primera novela "Intemperie", reseñada en este blog en su día. Su éxito estaba basado en la combinación de una historia sencilla y muy potente con un magistral uso de la lengua. La riqueza léxica de esta obra impresionó a crítica y público y nos devolvió a un tipo de narrativa apegada a la tierra que estaba olvidada en el baúl de las obras viejas que suelen ser los libros de texto de Literatura. Una historia que nos trasladaba a la narrativa de los años 50 y 60, como la de Caballero Bonald en "Dos días de setiembre" o la narrativa de Delibes, al que se ha comparado al autor en numerosas ocasiones.

     En esta su segunda novela el autor nos presenta una historia diferente, más original, pero con mimbres parecidos ( su lenguaje preciosista, su léxico avasallador) al que añade una vocación estética y poética mayor con un uso  de abundantes imágenes metafóricas y la evocación como material constructivo fundamental. Una magnífica demostración de que estamos ante una de las figuras literarias con más posibilidades de entrar en el canon de la literatura en español, aun pudiendo el autor, a mi juicio, mejorar en el aspecto narrativo o, más propiamente, de la construcción del relato.

     Decía que la historia es más original que en su primera novela. Y ello es debido a que el presupuesto en el que se basa la misma es  novedoso en nuestra literatura. Se trata de una ucronía, para el que no conozca el género se trata de una novela en la que se presenta un mundo histórico alternativo al que realmente ocurrió, algo así como una novela sobre "qué hubiera pasado si...". Con esa característica definitoria recuerdo haber leído la magnífica "La conjura contra América" de Philip Roth. El presupuesto en el que se sustenta la novela es la supuesta invasión de España por parte del imperio nazi alemán. A partir de aquí se muestra una historia que va ganando dureza, hasta un punto realmente extremo. El concepto del ser humano resulta muy mal parado, pese a la gradual redención de la protagonista principal del relato.

     Es una novela centrada en la relación de dos personajes, tal y como vimos en "Intemperie", y en la progresiva implicación emocional de una mujer, paradigma de la dominación, con un lugareño, un hombre perdido y demente que ha sufrido las consecuencias de esa dominación. Sobre las consecuencias de ésta es de lo que va la novela, y es ahí, en la oscuridad perversa del trato que se produce en el abuso de autoridad, donde se llega al horror. En donde la humillación se convierte en el hueco en el estómago en un lector que acaba poco a poco comprimido por la misma.

     Por último, resulta necesario mencionar la importancia capital que tiene el concepto de la tierra. La tierra como elemento de apego a la vida y a los ancestros y de unión consustancial de todas las cosas. Y así, en medio del horror, aparece la tierra como elemento que puede salvar la conciencia de un ser humano degradado hasta el tuétano.

    Un saludo afectuoso. El Criticón Lector.

viernes, 20 de mayo de 2016

"ANA KARENINA". LEÓN TOLSTÓI

     Reseñar una novela de estas dimensiones, tanto cualitativas como cuantitativas, siempre me resulta algo absurdo. En una reseña no cabe todo lo necesario e importante que se puede contar, criticar, alabar o valorar de un libro así. Es una novela tentacular, que con sus numerosísimas ramificaciones acapara la realidad rusa de su momento con vivificante penetración psicológica, social y filosófica.

     La trama es muy conocida,  pues ha sido leída y llevada al cine en muchas ocasiones; la  historia de amor al límite de Ana Karenina ha sido considerada por numerosos críticos como una de las novelas más importantes de todos los tiempos, ha sido analizada y valorada por estudiosos de todas las nacionalidades y el aprecio contemporáneo se sigue manifestando con nuevas versiones cinematográficas como la protagonizada por Keira Knighley recientemente.

     Es legendaria su frase inicial, probablemente uno de los principios más conocidos de todos los tiempos. " Todas las familias felices se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera". Yo no puedo quedarme sin decir que su frase final, también debería haber quedado en el recuerdo colectivo por su intensidad y su idealismo. "...y cada minuto de mi existencia tendrá un sentido incontestable y profundo, que podré imprimir a cada uno de mis actos: el del bien."

     La novela es toda una tesis sobre las relaciones humanas: las relaciones de la clase social dominante, las relaciones familiares y, fundamentalmente, las relaciones de pareja.

     En cuanto a las relaciones de la aristocracia y la alta burguesía rusa, la percepción de lo que pretende Tosltói mostrarnos es que están presididas por la hipocresía y por la falta de honradez. Las relaciones son artificiales y con ellas choca el personaje de Lievin, probable alter ego del autor. La vida de corte se manifiesta diferente en Moscú que en San Petersburgo, la primera más gris que la segunda, presidida por un clima más  informal y refinado. Pero tanto en una como en otra ciudad la apariencia y lo superficial se tienen más en cuenta que los verdaderos sentimientos, que se esconden o, como le ocurre a Ana, se estigmatizan.

     Las relaciones familiares también se observan con precisión quirúrgica, estéticamente tratada. Relaciones entre parientes, cordiales pero superficiales; relaciones entre hermanos o hermanas, en donde pese al amor hay una constante incomprensión; relaciones en el matrimonio, del que vemos varios ejemplos: Alexey y Ana, matrimonio semiconcertado que acaba en la ruina; Oblonski y Dolli, claro ejemplo de lo que significa la lejanía entre los consortes; y, sobre todo, Kitti y Lievin, en donde el amor se nutre de numerosos elementos que complejizan la realidad de la vida matrimonial.

     Pero la novela es principalmente grande por el relato, complejo y caleidoscópico, de las relaciones de dos parejas: Vronski y Ana y Lievin y Kitti. El primero, como toda novela realista decimonónica que se precie de serlo, es el fruto de un intenso amor que surge fuera del matrimonio. El adulterio como tema. El segundo, la historia de un amor conseguido por el esfuerzo y la rectitud. Si mientras en la primera relación vemos un progresivo deterioro de la misma, pese a brotar de un amor potente y verdadero, en la segunda de las relaciones vemos como los lazos se van fortaleciendo. No me atrevo a afirmar con absoluta seguridad que hay una crítica a las pasiones románticas, pero algo de eso puede haber. Y no me atrevo porque el personaje de Ana sale muy bien parado a menudo, es humanamente mirado por el autor, al retratarlo como un ser más inteligente que los que tiene a su alrededor, aquellos que hacen alarde al juzgarla impresentable en sociedad. El hecho de que se convierta en una paria encerrada en su habitación de hotel, en muchos pasajes del libro, o alejada en el campo,  la hace a ojos del lector objeto de solidaridad. La tragedia de Ana es precisamente esa, la soledad a la que se ve condenada, por el único motivo de amar. Su vehemencia en el amor la trastornarán y el demonio de los celos acabarán por destruirla. Desde esta perspectiva, la penetración psicológica en la evolución de Ana, con su ciclotimia sentimental, sus encuentros y desencuentros con Vronski, es la mejor parte del libro. Vronski, la otra parte de esta relación, es el paradigma del triunfador social, que desgraciadamente acabará destruido por la misma. En sentido contrario, Lievin, que no se encuentra a gusto en sociedad, que está en su hábitat apartado como aristócrata de provincias, trabajando en el campo, en una especie de beatus ille productivo y repleto de trabajo, no de descanso, tiene numerosos problemas de conciencia, ataques de filosofía y un sentimiento trágico de la vida que se agudiza tras la muerte de su hermano. Pero Lievin, en una especie de apoteosis de conversión, encuentra en la fe el camino de su propia salvación. La lucha interior de Lievin es también algo muy logrado, con pasajes de estilo indirecto libre y monólogos interiores que reflejan con maestría el debate -eterno y antagónico - entre el escepticismo cientificista, y las creencias religiosas. Lievin en definitiva es el retrato de un buen hombre, el ejemplo de la honradez intelectual y de acción. La escena en la que Kitti mira a su hijo bebé y le dice que lo mejor que puede hacer  en su futuro es parecerse a su padre rebosa de ternura.

     En la novela hay tres críticas claras y muy patentes: a la hipocresía, como ya dejé escrito anteriormente, al parasitismo, el ejemplo del bueno de Oblonski es claro, y a los excesos, se muestra a un pueblo ruso bebedor y soterradamente carnal.

     En cuanto a los tentáculos múltiples de la novela, esta toca la dura vida del campo, la importancia del dinero y su derroche en la ciudad, la vida de los funcionarios, los viajes de la nobleza a los balnearios alemanes - ¿ recuerdan "El jugador" de Dostoievski?-, la cultura en sus variadas formas (pintura, filosofía, ópera...), la política ( las mezquindades y los trucos políticos, el paneslavismo, el uso del pueblo como argumento nacionalista unívoco) . De todas estas temáticas se podría sacar punta pues en todas hay una visión profunda, humana y ética. Como dije al empezar la reseña, este no es el foro más adecuado para analizarlas.

     Por último, me gustaría resaltar la figura simbólica y estructuralmente trascendental del tren. Con el tren se inicia la relación de Vronski y Ana y en el tren se acaba. Estamos, pues, ante todo un viaje  extraordinario por la Alta Literatura. Un saludo atento del Criticón Lector.

viernes, 25 de marzo de 2016

"EL JOROBADITO Y OTROS CUENTOS". ROBERTO ARLT

     Roberto Arlt es considerado por unanimidad de críticos y escritores como una influencia capital en el posterior desarrollo de la literatura argentina. Si sus libros ven la luz en la primera mitad del siglo XX podemos imaginar la relevancia de su escritura dado lo que vino después en la fecunda y fuera de lo común narrativa argentina.

     Los dos primeros cuentos de esta antología son dos auténticas obras maestras del género. Excelentes en su disposición estructural, en el dominio de la técnica narrativa y con un fondo filosófico que, a mi parecer, es potente. Estos dos primeros relatos son "El jorobadito" y "Las fieras". Son más largos que el resto, que pertenecen a su libro de relatos "El criador de gorilas".

      El primero es un prodigio de tensión narrativa y de avance hasta  un clímax que juega con lo cómico, lo trágico y lo filosófico. El argumento del relato es la confesión de un homicida que trata de justificar sus actos (¿les recuerda esto a algo en la literatura argentina?). Este ha estrangulado al jorobado que da nombre al cuento. No digo nada que no aparezca en la presentación del mismo. Su discurso, de carácter persuasivo, se rompe al final de modo abrupto, de forma que desconcierta al lector y que deja al mismo con la sensación de haber sido un juguete en manos del narrador, Un narrador perturbado y, quizá, perverso. El cuento da para disquisiciones metafísicas de interés y aguda perspicacia. El tema de la deformidad, visto aquí de manera contraria a como nos lo ofrecía Víctor Hugo, nos dirige a sus implicaciones sociales. Si en "Nuestra Señora de París", Quasimodo es de alma noble y benevolente, aquí Rigoletto, que así es llamado despectivamente por nuestro narrador, es un alma retorcida y, sobre todo, rencorosa. El beso de la discordia mostrará a nuestros dos personajes en su plenitud al final del libro.

     Por otro lado, "Las fieras" es otra obra prodigiosa, para mi gusto todavia superior a la anterior. El relato cuenta el proceso de encanallamiento, la caída a los infiernos del lumpen, de un narrador que se dirige a un tú, narratario fundamental en la confesión dura, durísima, de este narrador-proxeneta-protagonista. El relato es en sí mismo una maravillosa expresión del proceso cenagoso de la descomposición del alma en los ambientes marginales en donde el juego y  el prostíbulo son los espacios dominantes."Una neblina de carbón flota permanentemente en este socavón de la infrahumanidad" nos dirá este ruin, perdido y ensimismado ser. Este socavón de infrahumanidad, en donde la inercia y el acostumbramiento, salpicados con explosiones de violencia, es donde se encuentra instalado el protagonista. Es el recuerdo de Tacuara lo que impele al narrador a escribir. Un recuerdo doloroso. El narrador describe a sus compañeros de estancia, a toda una manada de hienas, apáticas, capaces de los peores horrores que el narrador se complace en mostrarnos, para así ver la clase de hundimiento en la que se encuentra. Pero no nos engañemos, este participa de la brutalidad de sus compañeros, es solo el recuerdo de su amante, de su puta, el que airea sus fantasmas. Hay una delectación morbosa en la enumeración de concreciones de perdición. La dureza, el sadismo, el lenguaje de germanía, todo con la banda sonora del tango, indefinidamente audible en toda la narración, nos retratan una realidad ajena a esa que representan "las mujeres honradas que pasean del brazo de los hombres honrados". Una realidad separada por una humilde vidriera, pero a años luz, del hundimiento de estos personajes perdidos en su ignominiosa existencia. No puedo resistirme a plasmar una cita.
"De un modo o de otro hemos robado, algunos han llegado al crimen; todos, sin excepción, han destruido la vida de una mujer, y el silencio es el vaso comunicante por el cual nuestra pesadilla de aburrimiento y angustia pasa de alma a alma con roce oscuro. Esta sensación de aniquilamiento torvo, con las muecas inconscientes que acompañan al recuerdo canalla, nos pone en el rostro una máscara de fealdad cínica y dolorosa".
     El resto de relatos, que pertenecen a "El criador de gorilas", son muy diferentes a los tratados tanto en su forma como en su contenido. Son relatos que podríamos llamar del exotismo. Donde el África negra y el África árabe se convierten en el centro que irradia todas las historias. Los relatos son: Accidentado paseo a Moka, Acuérdate de Azerbaijan, Ejercicio de artillería, El cazador de orquídeas, El hombre del turbante verde, Halid Majid, el achicharrado, Historia del Señor Jefries y Nasrim el egipcio, La aventura de Baba en Dinisch esh Sham, La cadena del ancla, La factoría de Farjalla Bill Alí, Los bandidos de Uad Djuari, Los hombres fieras, Odio desde otra vida, Rahutia la bailarina, Ven, mi ama Zobeida quiera hablarte.

     En general, pese al estilo trabajadísimo y culto, mi juicio personal sobre estos es que son de naturaleza claramente inferior a los dos primeros. Ello, no obstante, se pueden encontrar asuntos curiosos y reseñables. Aunque tengo la impresión de que estos cuentos son más un divertimento para el autor que quiso mostrar su visión, de sesgo occidental y condescendiente, del mundo oriental que conoció como corresponsal. Así, en "Accidentado paseo en Moka" vemos el inframundo de los negreros, en un contexto de aventuras de viajes por los senderos ocultos de la selva. En muchos de los relatos vemos historias de castigos como en "Acuérdate de Azerbaijan", "La cadena del ancla" o "Halid Majid, el achicharrado". En todos los cuentos la crueldad abunda,  hay engaños, traiciones, magia negra, venenos y un estilo que nos lleva a ese mundo oriental y exótico al que nos pretende llevar. Para muestra un ejemplo con esta breve descripción: " Espingardas de cañones niquelados y culatas con incrustaciones de nácar adornaban las panoplias de los muros".  Unos relatos en los que la mirada occidental se encuentra de bruces con ese misterio que rodea las historias de Alibabá y los cuarenta ladrones.

      De todos estos cuentos recomiendo "Ejercicio de artillería" en donde se narran y analizan las relaciones hispano-marroquís y se pone la pluma en la llaga del colonialismo con lo que de abusivo tiene, Un cuento que reflexiona sobre la poca importancia de la vida humana dependiendo de la pertenencia a una comunidad u otra. Muy actual, desde luego. También recomiendo "La factoría de Farjalla Bill Alí" donde se habla de la esclavitud en un criadero de gorilas, de la caída a lo más bajo de un blanco entre negros y que destaca  por su tremebundez. También, "Los bandidos de Uad Djuari, que parece que podría haber inspirado a David Fincher para rodar "The Game". Por último, me parece también un buen relato "Los hombres fieras", un relato moderno de transformaciones mentales (y de comportamiento, que es ahí donde está el relato) en donde la fiera que llevamos dentro puede dominarnos.

      Y, por mi parte, eso es todo. Un saludo de El Criticón Lector.