jueves, 23 de noviembre de 2017

"LA TRISTEZA DEL SAMURAI". VÍCTOR DEL ÁRBOL

     "La tristeza del samurai" fue uno de los primeros libros del reciente premio  Nadal, Víctor del Árbol y fue muy reconocido en el ámbito estricto de la novela negra, ya que incluso llegó a recibir premios en el difícil marco literario francés. Sin duda, es una novela de género, que pretende de lleno entretener al lector con un gran aparataje de asesinatos, rencillas, espionaje, psicópatas, víctimas y verdugos de todo tipo.

     La novela se desarrolla en dos lugares y épocas históricas, fundamentalmente: la Extremadura de la  posguerra civil y la Cataluña de principios de los ochenta. En ambas fechas se produce una cadena de acontecimientos que recoge el sufrimiento y las culpas de los diferentes personajes que se transmiten de generación en generación. Todo parte del asesinato de Isabel Mola a traición. A raíz da ahí surge una trama en la que hay una serie de víctimas, entre los que destacan principalmente los hijos de la propia Isabel: Andrés y Fernando. Pero la novela, pese a padecer los vicios habituales de las novelas negras (ya saben unos  malos muy malos que se mueven en un lodazal de sentimientos, cuando no en una absoluta falta de ética) mantiene con algunos personajes una cierta ambigüedad crítica. Principalmente, esto se da con la protagonista principal María Bengoechea, abogada que consigue el éxito laboral gracias a la acusación frente a un policía llamado César Alcalá, por malos tratos a un informante, llamado Ramoneda. Entre ellos se formará una tupida red de relaciones en la que el dolor y la muerte están presentes permanentemente.

     En la novela aparecen malos tratos, espionaje, la División Azul, campos de concentración, traiciones, incendios, desequilibrados, venganzas, violaciones, secuestros, asesinatos a sangre fría... todo ello con el hito histórico del golpe de Estado del 81 como referencia temporal más relevante. Lo que a uno le lleva a pensar en un thriller cinematográfico americano pero, al ser expresado mediante una forma escrita, con más tramas a desarrollar. En casi todo el libro hay una sordidez extrema, que habita desde las más altas instancias del poder (Guillermo Mola y Publio son en este sentido los ejemplos más claros) hasta los arrabales más siniestros (Ramoneda). Solo unos pocos personajes se salvan de esta miseria moral.

   La estructura de la novela es sencilla, basada en ubicaciones espacio-temporales en las que se incluyen escenas en las que habitualmente aparecen dos o más personajes interactuando. Los diálogos están muy logrados y favorecen la lectura, que se hace amena.

     En conjunto, parece que estamos ante una novela de iniciación, fundamentalmente por la cantidad de elementos, tramas y acontecimientos que, como en un totum revollutum, estimulan al lector pero que también lo aturden.

     Un saludo del Criticón Lector.


viernes, 27 de octubre de 2017

"LA PLAZA DEL DIAMANTE". MERCÈ RODOREDA

     Esta historia de una mujer, Natalia o Columeta,  contada por ella misma en un periodo azaroso y complejo de la historia de España es uno de los grandes clásicos de la literatura catalana. Publicado en los años 60, Mercè Rodoreda nos transmite con un lirismo, una sencillez y una indiscutible agudeza psicológica el perfil de una mujer que parece simple pero que, sin embargo, es uno de los grandes personajes femeninos de la literatura española del siglo XX.

     Un texto lleno de símbolos, de autorreferencias que lo hacen redondo y coherente, de dominio expresivo, con un tono oral que engaña, pues, pese al predominio de este, el texto está cuajado de metáforas sencillas y profundas, tremendamente reveladoras del estado de ánimo de la protagonista. Un personaje sin fallas, alrededor del cual hay una familia, un barrio y una ciudad, la Barcelona del periodo previo, coetáneo y posterior de la guerra civil. Pero no se engañen, esta novela es compleja y sutil, no aporta datos históricos o sociales, no nos arroja tesis o caminos por los que transitar; todo lo contrario, es la historia de un ser humilde con sus problemas, sus miserias, sus escasas alegrías, y el  contexto de esta mujer se contornea por la influencia que tiene en su vida, es decir, de un modo alusivo e implicatorio. Es el lento discurrir de la vida. Y para ello el manejo del tiempo del relato es, sencillamente, genial. Cómo olvidar la secuencia, casi al final del libro, en la que de un modo simbólico asocia la propia madurez con el lento caer, como plumas de paloma, de las hojas en otoño.

     Dentro de ese cajón de sastre que es la novela de la posguerra, este libro ocupa una posición privilegiada por la fuerza del personaje y por la sutil muestra de la vida en una Barcelona humilde y trabajadora. Se podría estructurar en tres momentos históricos, el antes, el durante y el después de la guerra. O en sus dos matrimonios. Prefiero hacerlo en tres. Antes de la guerra vemos a una Natalia más inocente, con una candidez infantil y más bien descriptiva de la vida, el discurso es más simple pero no por ello menos sutil. Es el momento de conocer al Quimet, su primer marido, personaje manipulador con el que se muestra el contexto social en que vive la mujer de la época, tristemente oscurecido por un machismo estructural. De alguna manera, el palomar refleja la peripecia vital del matrimonio, pues en él se ve la dominación del marido y, por fin, el conato de rebelión, ya bien tardío de Columeta. Quimet y la última paloma tendrán así mismo un destino idéntico. Pero esto ocurrirá en la segunda parte de la novela, el periodo de la guerra. En este, el hambre y la desesperación, con pasajes tremendos, contados con una delicadeza y un sentido de la medida imponente, toman cuerpo como fuerzas motrices de Natalia. La tercera parte llega con el encuentro salvador con el tendero Antoni, que se hace cargo de ella y sus hijos, primero dándole trabajo, y luego casándose con ella. El Antoni es un ángel de la guarda, sin sexo, castrado físicamente pero inmensamente fecundo en darse a sí mismo.  Sus hijos se adaptan a él perfectamente, pero será ella la que tenga problemas para lograr el equilibrio (la balanza cobra importancia como símbolo dominante), el discurso toma aquí ,dentro de la oralidad dominante, un tono más lírico, más metafórico. El lento fluir de la vida de Natalia, primero encerrada en casa, con agorofobia, y luego dando largos paseos en soledad se muestra con un discurso más desquiciado, sin eludir pasajes oníricos con sueños en forma de pesadilla,  un discurso menos asentado, reflejo de la propia situación personal.  El pasaje final, catártico y purificador, de vuelta al principio de todo, la Plaza del diamante, el retorno al origen con el efecto purificante del grito, redondea un libro que es, sin duda, una obra maestra que se sigue leyendo casi sesenta años después de su publicación. Y la vuelta a casa nos devuelve a una Natalia agradecida, cuya última palabra final referida a unos gorriones, ya no palomas, es contentos.

lunes, 9 de octubre de 2017

"PATRIA". FERNANDO ARAMBURU

      "Patria" es uno de los más extraordinarios éxitos editoriales del 2017. Su autor del que ya reseñé "Ávidas pretensiones" ha conseguido encandilar tanto a crítica como a público con una obra de gran calado social, compleja y de múltiples perspectivas. Un libro rebosante de humanidad real que interpela al lector y que por momentos desasosiega, escrito con una prosa de gran maestría con dominio de todos los registros textuales, especialmente los dialógicos. 

     Cuenta la historia de dos familias en profundidad, unidas primero por la amistad y, luego por un acto terrorista. En ese sentido, se cuenta el antes y el después del asesinato, con continuos saltos temporales, de cada uno de los miembros de las dos familias. Alrededor de las vidas de las dos familias se observa el contexto histórico-social en el que se manifiesta esta excrecencia brutal que es la violencia y su aplauso o tolerancia en la sociedad vasca, y, sobre todo, en un pueblo de Guipúzcoa con mayoría social abertzale. Son muy reveladores en este apartado los capítulos donde se observa el miedo a sentirse señalado y la cobardía de aquellos que solo quieren vivir su vida sin complicaciones, que, por omisión, se convierten en cómplices del totalitarismo ideológico. La novela no se escabulle, en sentido contrario, en lo relativo a los excesos policiales, los aborda sin complejos y a veces con dureza. Por otro lado, nos muestra las consecuencias de la valentía en una sociedad viciada con la muerte del Txato, la víctima asesinada en este relato, euskaldun de nacimiento cuya única pega personal es ser un empresario de éxito que por diferentes motivos no puede pagar el impuesto revolucionario que impone ETA, actuando como una mafia extorsionadora.

     El texto se detiene individualmente en los integrantes de las familias implicadas. Cada capíutlo es una secuencia de la vida de estos personajes que interaccionan constantemente. Quizá se puede achacar que, en algunos momentos, están estereotipados, pero en términos generales están muy bien construidos, si bien unos mejores que otros. Especias atención merecen las matriarcas de las familias (Miren y Bittori), íntimas amigas en la infancia, casi como hermanas, que se ven separadas de forma drástica con la cercanía del primogénito de Miren al entorno radical de la kale borroka, la lucha en la calle o, lo que es lo mismo, el vandalismo organizado, y, por tanto a ETA.

     Bittori, mujer del Txato, que acude puntual al cementerio de Polloe a conversar con su marido muerto, nos da la noticia del final de la lucha armada por parte de ETA. A partir de aquí se genera todo un viaje en búsqueda de la necesidad de conocer y de perdonar. Se muestra su relación con sus hijos, problemáticas en el caso de la hija tras el asesinato del Txato. Su huida a San Sebastián y su vuelta al pueblo tras el cese de la violencia en un entorno hostil.

    El Txato representa al euskaldun trabajador y valiente que no quiere plegarse a las amenazas y a la extorsión. Su valentía tendrá como recompensa su asesinato. Quizá no está tan bien retratado como los demás, pero queda un poso de dignidad en el personaje que es sustantivo en el relato. No hay duda que resulta más injusto para el lector recrear la figura de la víctima sin fallas morales. El libro es, no lo olvidemos, una crítica al terrorismo, y, sobre todo, a esa parte de la sociedad que lo justificaba y lo jaleaba o, en todo caso, se mantenía al margen a lo Pilatos.

     Xabier, primogénito de ambos, es un médico cirujano que se dedica de forma profesional a salvar vidas, en este sentido hay una clara intención de contraste con Joxe Mari, primogénito de Miren y Joxian. Ahogado por la culpa, por la melancolía y la tristeza lleva una existencia anodina de trabajo permanente y atención a su madre en la que sus estancias en su despacho tomando alcohol son su única manera de combatir la tristeza. Una vida en naufragio permanente.

     Nerea, la pequeña y ojito derecho del Txato, sufre las consecuencias del asesinato de otra manera, intenta salir de la tristeza, pero la claustrofóbica vida de una víctima de terrorismo y la mala suerte acude siempre a deshacer sus intentos. Un personaje perdido que al principio busca  en su adicción al sexo una salida y luego en una relación amorosa liberal y algo humillante, cuya vacuidad es el síntoma del grito de horror que no nunca pudo desenterrar.

    Joxe Mari es el terrorista, en él vemos una evolución, sobre todo al final del libro. El paso de los años en la cárcel le ablandan el carácter y toma conciencia de la estafa que ha supuesto para él el terrorismo. Es un personaje también bastante estereotipado, joven, sin mucha inteligencia, de aspecto robusto, que en sus tiempos mozos jugaba al balonmano. Su inclinación violenta y el entorno en que se mueve coadyuvan a su integración en la banda armada. Quizá los últimos capítulos muestran lo mejor del personaje; sin embargo, aquellos que se refieren a su periodo de acercamiento, entrenamiento e integración en un comando de ETA, aunque desde el punto de vista narrativo tienen un valor claro, pues aportan algo de acción, desde la perspectiva del personaje son poco relevantes y muy esquemáticos.

     Miren es una madre con un carácter de pedernal, de sentimientos interiorizados, jamás los muestra al exterior. Se hace abertzale por su hijo y por él se fanatiza. De algún modo, es el amor al hijo lo que le hace justificar, no sin antes una ayudita del párroco del pueblo, las acciones de su hijo. Es la líder de la familia y su fortaleza es sinónimo de brusquedad y falta de sensibilidad y empatía.

    Joxian es íntimo amigo del Txato, su compañero de mus, su compañero en las carreras de bicis; sin embargo, es un hombre débil que vive bajo las órdenes de su mujer. De buen corazón, sufre las consecuencias de su cobardía. Es un personaje muy humano, doliente y, a mi parecer, muy logrado.

     Koldo es el hermano pequeño de Joxe Mari, lo llaman el Kartujo por su afición a la lectura y su interés por la literatura y por no sumarse con la intensidad requerida por las fuerzas nacionalistas a lo requerido por estos. Es también débil de carácter, incapaz de mostrar su desacuerdo o aversión a la violencia de forma pública, y menos a su hermano. Con la edad, su salida es el euskera y una relación amorosa lejos de su pueblo. Su huida es la resignación o la claudicación de los no violentos.

     Arantxa es el personaje más sufridor de la novela, y aún así quien tiene una actitud más positiva en toda la novela. Es la hermana menor de Joxe Mari, y está claramente en contra de la violencia y su entorno. Es valiente y combativa. Se casa con Guillermo y el matrimonio es un fracaso absoluto. Pero esa será la menor de sus desgracias, puesto que en la cuarentena tiene un ictus que la deja impedida y durante un tiempo bajo el síndrome del cautiverio. Su lucha y cabezonería, algo tiene que tener de Miren, le llevará a mejorar significativamente de su invalidez. Es un personaje fundamental como puente de las dos familias.

     Como se puede ver, la novela es un fresco de toda una época reciente, triste e indignante, que aunque ya ha sido muchas veces contada, no de una forma tan abarcadora. Es una novela totalizante y, a mi juicio, con muchas más virtudes que defectos. Un intento de poner una soga crítica a ese paradigma ideológico que justificaba la violencia en un Estado de Derecho que puede soliviantar muchas conciencias, pero que siempre es necesario. Estoy seguro que una novela así la tildarán de plegarse demasiado a una tesis, de estar demasiado dirigida, de parcialidad, pero en asuntos como este parece necesario una toma de conciencia radical de lo que se debe y lo que no se debe hacer. Una novela en donde el perdón, la conciliación y la dignidad se simbolizan perfectamente en ese abrazo final. Y no hay más palabras.

viernes, 25 de agosto de 2017

"LA VIDA NEGOCIABLE". LUIS LANDERO

     Landero domina el arte de contar como pocos en español. Es un autor al que los críticos suelen ponerle la vitola (orgullo que debe de dar, por cierto) de escritor de raigambre cervantina. No hay duda de que el estilo y la forma de novelar del autor extremeño se cohonestan muy bien con esta etiqueta. La prosa de Landero fluye y maravilla a partes iguales. Sus dotes de narrador tienen ese poso mágico del embaucador, el trilero que sorprende con sus trucos geniales, lleno de humor y fluidez narrativa.

    La vida negociable es una novela de personaje, contada en primera persona, que muestra las luces y sombras de un peluquero (a su pesar) que con sus palabras imanta la atención de un lector, que es más escuchador de las andanzas de un hombre desde su niñez hasta el momento presente en que se halla, ya maduro. El relato de los hechos nos muestra a un personaje muy de Landero. En este sentido, el personaje recuerda algo a su personaje icónico de "Juegos de la edad tardía", Gregorio Olías, ya un clásico de la literatura en español consolidado. Porque lo que mueve al protagonista es un afán desmedido, el personaje es una especie de soñador impenitente con una escasa capacidad para llevar a cabo esas ensoñaciones. A la vez, es un tipo mezquino, pero simpático, pues su verborrea, su prolija palabrería y su constante caída en la mediocridad hace que nos apiademos, que empaticemos con este tipo ruin pero también quijotesco y perdido en el mar, tan conocido por todos, de la insatisfacción y los sueños rotos. Si en "El balcón en invierno" el autor contaba su propia historia, y eso lo convertía en un libro más serio, en este libro Landero vuelve a lo que mejor, según mi parecer, se le da, los lindes entre lo trágico y lo cómico, la captación de un alma que se ve abocada al fracaso entre sus ambiciones y lo que realmente puede dar de sí. Pero este hombre, Hugo, tiene algo que es impagable para el lector, es su capacidad de narrar al modo clásico.

     Sus relaciones son pocas y complicadas y, generalmente acaban en fracaso por su mal comportamiento. Especial atención hay que mostrar a la relación con sus padres, con los que se comporta como un tirano, dado que conoce sus secretos.  O su relación con Leo, que es primero su amiga, luego su novia y, por último, su mujer. Su amor es tan extraño, tan alejado de romanticismo y tan real y patético que conmueve. Su imagen en el banco final es esclarecedora y definitiva.

    Sus discursos sobre diferentes temas como el tedio, el amor en sus diferentes vertientes o las ideas de los otros; sus mezquindades, arrepentimientos y vueltas a las andadas, su personalidad basculante y cargada de obsesiones nos elevan a la Alta Literatura en la propuesta de este autor que, cuando se pone, es uno de los más atractivos en español.

martes, 22 de agosto de 2017

"TODO ESTO TE DARÉ". DOLORES REDONDO

     Esta novela de la exitosa autora vasca se adjudicó el premio Planeta 2017. Sigue la línea de los últimos premios, novelas muy entretenidas, que enganchan a todo tipo de lector y con autores o autoras de gran tirón mediático que, no obstante, dominan el arte de escribir. La soltura con la que la autora nos lleva de la mano en los acontecimientos narrados es prueba del dominio técnico que, sin duda, acapara.

     Es una novela de estructura sencilla en la que el tema principal recoge la investigación que realiza un grupo de personas dispar sobre una muerte extraña. Cada uno de los integrantes de este grupo tiene causas muy diferentes para llevar a cabo esta investigación. El marido de la víctima, un guardia civil homófobo y un cura amigo del finado poco a poco van observando que se dan circunstancias en el caso para considerar que lo que ha sido considerado un accidente ha sido en realidad un asesinato. Sobre la trama no diré mucho más, porque al ser una novela de indagaciones y descubrimientos, de sorpresas en el camino y giros argumentales no parece oportuno estropear al lector estas cuestiones.

     Destaca en la novela, como en casi toda novela de entretenimiento (utilizo esta etiqueta solo como descripción, no con un matiz valorativo o peyorativo) un gran trabajo de documentación previa e investigación sobre el marco general sobre el que se mueve la novela. En este caso, el contexto sobre el que nos movemos en la novela es la bellísima Ribeira Sacra, rincón idílico y a veces desconocido de Galicia con particularidades que se ponen de manifiesto en la obra. Los cañones del Sil, con sus fastuosas panorámicas, sus costumbres inveteradas, su orballo y sus nubes permanentes se nos presentan, para cualquiera que las conozca, con la nitidez de lo vivido y sentido. En este sentido, la novela es una buena guía de viajes y un reclamo al viajero.

    Entre las peculiaridades que se manifiestan con más claridad en la novela aparecen, principalmente, la relación de la Ribeira Sacra con el mundo del vino, el carácter de las gentes del interior gallego y las costumbres, un tanto exageradas por parte de la escritora desde mi punto de vista, relacionadas con el respeto a las casas nobiliarias y lo que ello supone en los pueblos. Me quedo con los capítulos dedicados al vino y su proceso de creación. Lo peculiar del la vid de la Ribeira Sacra es su disposición escalonada en los cañones, la belleza que supone ver un paisaje así mientras se navega evoca momentos vividos en lo personal, pero si a ello se suma las explicaciones de la dificultad de recolección de la uva y la implicación de los bodegueros se puede entender el porqué pongo el foco de la novela en estos pasajes.

     La descripción de los paisajes gallegos está bien conseguida: la elegancia de los pazos, las sensaciones meteorológicas y la vegetación presente contextualizan la historia. Una historia que al final es un canto a la amistad, a la desaparición de los prejuicios y a una tierra que aconsejo a quien no la ha visto que la visite.

    Un saludo de El Criticón Lector.

martes, 4 de julio de 2017

"EL MAESTRO DE PETERSBURGO" J. M. COETZEE

   El autor sudafricano, Premio Nobel en el año 2003, nos introduce en una trama misteriosa y de hondura psicológica, que es, a su vez, un claro homenaje al gran autor ruso Dostoievski. Él es el protagonista absoluto de la trama y sus pensamientos, diálogos y vicisitudes conforman el tejido sustancial de la novela.

    Dostoievski acude a la llamada de un aviso doloroso en el que se le informa de la muerte de su hijastro Pavel Isaev, hijo de su primera esposa. Ya en  San Petersburgo se muestra la caída a los infiernos personales de la culpa y del dolor que causa la pérdida. Una pérdida que con el paso del tiempo narrativo nos vamos dando cuenta de que se produjo mucho antes de la muerte de Pavel.

   La novela es una gran novela de introspección y de diálogos inteligentes y cargados de contenido ideológico. En lo que respecta al primero de los puntos señalados, la conciencia del personaje, sus sentimientos y sus reflexiones son matizados con éxito por Coetzee. Los vaivenes mentales, sus contradicciones, sus inquietudes y, sobre todo, el peso que tienen la idea de Dios, la permanencia de los muertos y las ideas político-sociales de Dostoievski con Rusia como telón de fondo marcan la arquitectura verbal del fluir interno del personaje. Por otro lado, llenan especialmente los diálogos del texto, concebidos casi siempre, sea el que sea el interlocutor, como una esgrima verbal, una búsqueda constante de la persuasión del otro. Novela inteligente y sentimental, pese a que ambos términos parecen contradecirse. Inteligente en los diálogos y sentimental en la expresión del cuerpo interno de la conciencia desnuda del escritor protagonista.

    Es al final cuando vemos esa importante característica biográfica del Dostoievsky humano, su faceta de escritor, y tendrá una importancia capital en el sentido nuclear del libro.
" No es la mía una vida que soporte un examen detenido. De hecho, no es del todo una vida, sino más bien un precio, una moneda. Es algo que pago por escribir. Eso es lo que Pavel no entendió nunca: que yo también pago".

    Porque al final la novela nos cuenta principalmente la eterna lucha de generaciones, la eterna lucha entre padres e hijos, la revolución presente siglo tras siglo de los hijos frente a sus padres. Nechaev, el líder revolucionario anarquista, que conquista el alma de Isaev, y este mismo, son representantes de esta lucha. Y la palabra pueblo, puesta en boca de Nechaev, con machacona constancia se vacía de contenido, pues es simplemente la dinámica de la acción destructora la que mueve a los jóvenes. Una dinámica expresada con pasión por Nechaev, con un convencimiento sobrenatural que Dostoievki denomina Daimon o espíritu que posee al individuo.

    La novela tiene tiempo para detenerse en el amor, un amor infiel con la casera de Isaev en cuya habitación él también se instala, que sirve de consuelo al protagonista, centrándolo en el plano de la pérdida del hijo y descentrándolo en el personal.

     Vemos también referencias biográficas ineludibles, como su afición al juego, su relación dolorosa con Dios, de la que dan cuenta sus escritos, sus problemas con la epilepsia, su relación con su esposa más joven. Pero estas referencias son un armazón externo, lo principal está, como dije antes, en la presentación de ideas y sentimientos.

    En definitiva, una obra que muestra una radiografía del dolor, de las consecuencias de la pérdida, del amor de los padres a los hijos y de la fractura del eslabón familiar que los hijos a veces necesitan lograr mediante la lucha y los reproches del pasado. Al mismo tiempo, una novela inteligente, dialéctica y que hace pensar. La trama, desde luego, se resiente de estas características y la historia en si misma sobre la muerte (¿suicidio, asesinato?) pierde algo de interés. Por mi parte, eso es todo. Un saudo de El Criticón Lector.

jueves, 18 de mayo de 2017

"CIEN AÑOS DE SOLEDAD". GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

     "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo..." es el comienzo más conocido, junto con el  del Quijote, de toda la novelística en español. La relectura de este libro ha sido emocionante, la inmersión en las vivencias extraordinarias de la saga familiar de los Buendía ha vuelto a dejarme en estado de alucinación permanente. Porque la expresión "estar alucinado", tan coloquial, tan castiza, parece hecha a propósito para la lectura de esta obra mágica y única. García Márquez está tocado por la varita de la genialidad. "Cien años de soledad" de principio a fin está  construida bajo el marchamo de obra maestra. Hablar de esta obra, después de los numerosísimos estudios y lecturas de prominentes críticos y escritores parece una vanidad un tanto estúpida. Me ceñiré, por tanto, a mostrar sus rasgos principales con la intención como siempre fue en este blog de dar una reseña sencilla tras la lectura del libro.

     Son muchas las generaciones de Buendía que deambulan por el espacio mítico de Macondo, concretamente seis.  A lo largo de la muestra de las vidas particulares de cada uno de los integrantes de esta saga nos introducimos en una historia, un relato, de dimensiones y raíces míticas. Relato que va desde la creación de la población, con un fuerte carácter legendario hasta su desaparición, pasando por todas las etapas propias de una historia general: la guerra, los asentamientos familiares, las empresas, las reivindicaciones sociales... Fue García Márquez quien popularizó este modo tan particularmente íberoamericano de Realismo mágico, que tantos frutos y epígonos ha dado con posterioridad. Definir el Realismo mágico o lo Real Maravilloso, en terminología Carpenteriana, no es tarea sencilla, ya que hay muchos intentos. Yo me quedo con la muy famosa definición de Arturo Úslar Pietri, autor de "Las lanzas coloradas" en la que plantea este tipo de escritura como la consideración del hombre como misterio en  medio o rodeado de hechos realistas.

     En este sentido, lo misterioso se hace carne en el personaje de Melquiades, el gitano presente a lo largo de todas las generaciones de Buendía. Sus escritos crípticos se revelan fundamentales por su carácter profético en relación a Macondo y los Buendía. Familia y pueblo están indisolublemente unidos desde su nacimiento hasta su desaparición.

     Como en toda novela de García Márquez, el amor está presente como uno de los núcleos temáticos. Un amor vinculado extrañamente a la soledad, por un lado, y al incesto, por otro.
El incesto es una filiación constantemente repetida en la familia y una ominosa presencia recurrente al que se hace referencia de modo humorístico con la cola de cerdo. Es un amor apasionado, de tintes trágicos, que se muestra de manera proteica y multiforme en todos los personajes de la novela. 

     Otro concepto clave es el de la locura como destino final de muchos de los integrantes de la familia, es una locura que en muchos casos raya la lucidez, y se cruza con el apartamiento personal del mundo. Los fantasmas, los seres de ultratumba, aparecen con toda naturalidad en escena. Se aparecen y entablan relaciones con los personajes sin traba alguna.

     Por último, no se puede hablar de "Cien años de soledad" sin mostrar entusiasmo por su cuidadísimo lenguaje, por su estilo plagado de extensas oraciones que anonadan al lector. Una profusión acumulativa que abunda en el mundo mágico que se nos presenta. Un desarrollo de la historia enmarcado en una estética lujuriosa y excesiva que ha quedado como paradigma literario de un barroquismo para siempre asociado a la narrativa de García Márquez y, por extensión, a numerosos escritores que han seguido, con mayor o menor fortuna, las fórmulas literarias del autor colombiano. Y, por nuestra parte, eso es todo. 

     Un saludo de El Criticón Lector.